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RFID y código de barras para la eficiencia en trazabilidad de productos

RFID y código de barras: eficiencia en la trazabilidad de los productos

La identificación automática y captura de datos (AIDC) abarca una serie de procesos informatizados que, a través del procesamiento de datos, consigue el reconocimiento de objetos. Tecnologías como el código de barras o la identificación por radiofrecuencia (RFID) son las que han logrado una mayor penetración en sectores que, como el retail, la distribución alimentaria, la logística o el sanitario, mueven ingentes volúmenes de producto cada día.

Integrados, adheridos o impresos en el artículo a custodiar, los códigos de barra y los tags RFID aportan numerosos ahorros - tanto en tiempo como económicos - en las operaciones de transporte, logística, almacén, etc. De hecho, la introducción de estos sistemas de etiquetado ha supuesto toda una revolución en la cadena de suministro, ofreciéndoles datos relativos a la naturaleza, características, fabricante o procedencia de los productos que fabrican, comercializan, almacenan o transportan.

Buscando la eficiencia

Con sus diferencias, ambas tecnologías suponen un salto de calidad en la trazabilidad de los productos, ayudando a millones de empresas de todo el mundo a identificar, inventariar y gestionar sus artículos, elevando notablemente la eficiencia de los procesos y consiguiendo un rápido retorno de la inversión.

Patentado en 1952 en EE. UU y lanzado al mercado masivamente a partir de 1980, el código de barras es una tecnología de solo lectura que se ha convertido en un estándar mundial. Su sencillez y bajo coste de implantación le han abierto de par en par la puerta de sectores como el de la distribución, la logística, el comercio, etc.

El código de barras está representado por una serie de líneas paralelas de distinto grosor que se adhieren a los artículos o a sus envases para, a través de un sistema informático, controlar el proceso de salida /recepción, comercialización o reposición de cada artículo.

Se trata de una tecnología legible en etiquetas impresas con tecnología térmica que identifica, traza y contabiliza cualquier objeto, normalmente de igual forma y tamaño, gracias a la información codificada e inalterable contenida en las barras de cada código, la cual debe ser leída por un lector láser.

Esta lectura implica la intervención humana, tomando cada producto, localizando su código y escaneándolo. Su capacidad de almacenamiento no es muy elevada (máximo 32 dígitos) y solo puede identificar un producto de forma genérica (no unitaria), aspectos que, sumados a su limitada durabilidad en entornos extremos (si está dañado, incompleto o sucio no se puede leer), han provocado que su precio sea enormemente competitivo para todos los sectores.

Tecnología RFID: control automatizado y preciso

Generalmente utilizadas en productos que requieren un seguimiento preciso y permanente, las etiquetas RFID, que algunos consideran bases de datos portátiles, han experimentado un gran incremento en cuanto a su demanda en los últimos años. Pueden identificar un elemento de forma exclusiva, están capacitadas para realizar el seguimiento de todo tipo de artículos, animales, o plantas, en tiempo real, y preparadas para soportar todo tipo de inclemencias meteorológicas, agua o suciedad.

Esta opción, que es reescribible, se sirve de la emisión de señales de radio para identificar cada artículo concreto y distinguirlo como único en relación con cualquier otro, lo que refuerza la seguridad. Otra ventaja esencial del RFID es que para procesar la información contenida en cada tag no precisa operaciones manuales ni de alineación visual, facilitando la localización del artículo independientemente de dónde se encuentre en la tienda, en el almacén, en un pallet, etc.

Gracias a su versatilidad (se puede adherir o integrar en distintas superficies y permite tanto la lectura como la escritura), las empresas han logrado optimizar la disponibilidad de sus productos, reducir el tiempo de inventario, así como la tasa de hurtos, extravíos e incluso de falsificaciones. Además, ha contribuido a optimizar la planificación comercial y las operaciones logísticas, dos factores que impactan de modo muy positivo en los costes y en la eficiencia empresariales.

Frente a todas estas ventajas, es importante decir que su implantación resulta más difícil y costosa que la del código de barras; que puede sufrir interferencias con otros tags; que el coste de la etiqueta y del lector es mayor y que su uso está vedado en materiales como metales o líquidos.

Es obvio que cada una de las tecnologías tiene sus ventajas, sus inconvenientes y sus costes. Elegir la opción correcta debe ir más allá de aspectos como la cantidad de información registrable o la suciedad que soporta. Lo que realmente debe inclinar la balanza debe ser el presupuesto disponible, el sistema de trazabilidad ya implantado, así como el tipo de producto a mover. Sabiendo esto, decantarse por la opción que permita evolucionar y seguir los pasos de la innovación, será realmente fácil para la industria.

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