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Cómo convertirse en una empresa sostenible empezando por la impresión

Cómo convertirse en una empresa sostenible empezando por la impresión

Ser o no ser sostenibles es algo que las empresas se preguntan constantemente hoy día (y si no lo hacen, deberían). De hecho, según un estudio realizado por Brother, más del 70% de las empresas consideran que es su obligación comportarse de forma sostenible. El problema es que no es tan sencillo, hay muchos frentes a los que atender. Tantos que los empresarios y tomadores de decisiones en ocasiones corren el riesgo de dispersar sus esfuerzos u olvidar su responsabilidad: climatización, reciclaje, materias primas…

¿Y qué ‘pinta’ la impresión en todo esto? Mucho. Más de lo que muchas empresas, en realidad, piensan. En cuanto que un importante activo del equipamiento de hardware de la oficina, las impresoras y escáneres, así como sus consumibles y el material que utilizan (la tinta o tóner y el papel), son dispositivos que tienen mucho que decir, y que aportar, si se tratan de manera sostenible. Algo que hay que hacer desde el mismo instante en que decidimos adquirir un equipo, o empezamos a comparar opciones para hacerlo, y no solo cuando empezamos a usarlo, como suele ser la norma.

Aclaremos esta idea: para que un equipo de impresión sea sostenible de verdad es necesario tratarlo en su ciclo de vida al completo. Para empezar, hay que elegir un fabricante que comparta nuestra visión de la sostenibilidad y que pueda garantizarnos tanto unas materias primas sostenibles -y, si es posible, recicladas y/o reciclables- como unos procesos de producción respetuosos con el medio ambiente y con una huella de carbono que consideremos razonable, así como tener protocolos de desechado final de la máquina que eviten, en lo posible, la contaminación ambiental. Y, sobre todo, que nos aseguren que han diseñado el producto para que en la parte operativa de su vida útil (el grueso de su ciclo) sea lo más eficiente posible.

Para seguir, es fundamental que durante el uso del equipo se tengan en cuenta que el gasto de tinta o tóner y electricidad, así como el de papel, sean equilibrados y lo más reducidos posibles. Pero, además, y esto es algo que no muchos fabricantes facilitan, los directivos están preocupados por el corto periodo de vida útil de sus dispositivos (para el 85% esta sería una medida importante de su sostenibilidad), que suele estar entre tres y cinco años, pero que las empresas coinciden en que debería, al menos, doblarse. ¿Cómo solucionarlo? Con reparaciones o reemplazo de componentes o piezas que puedan, en un momento dado, estropearse, lo que alargaría su tiempo de uso además de evitar el desperdicio o reciclaje (a veces costosos) de los aparatos al completo.

Esto, aunque puede parecer un retroceso en innovación, pues casi cada año aparecen novedades o nuevas especificaciones que mejoran el funcionamiento y rendimiento de la impresión, no tiene por qué serlo. Podemos plantearnos gastar más en la adquisición (con modelos más avanzados o robustos) si sabemos que no tendremos que cambiarlos en al menos una década, o bien podemos optar por un formato de renting donde el fabricante se encargue de las actualizaciones y/o reemplazos si son necesarios.

Reciclaje, no siempre evidente

Ya lo mencionábamos más arriba. Si hablamos de sostenibilidad, el reciclaje es una de las primeras palabras que se nos vienen a la mente. Si hablamos de impresión, también (reciclado de papel, de tóner…). Pero en la práctica no siempre es así. Parece que la intención no siempre lleva a la acción. Según la encuesta de Brother, aunque el 82% está de acuerdo en que es importante reciclar la impresora (aquí hablamos del aparato), solo el 43% lo hace. Y aunque el 84% cree que reciclar sus cartuchos gastados es importante, solo hay un 47% que lleva a cabo esta práctica. ¿Cuál es el problema? Debemos decir que, tristemente, son los fabricantes quienes tal vez no facilitan esos procesos todo lo que se debiera. Tenemos una responsabilidad para con nuestros clientes y para con el planeta, y debemos ayudar a que este tema esté en la mente de las empresas (y que lo tengan fácil).

Y recordemos, no somos más sostenibles por imprimir menos, sino por imprimir mejor.

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